Mi perro me gruñe, me muerde, me ladra, me enseña los dientes…

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Cuando un perro comienza a descarrilar porque su carácter ha cambiado con comportamientos que no proceden y la convivencia se hace difícil, no nos queda otra más que poner todo nuestro empeño en recuperar el control. Como supongo que has llegado hasta aquí buscando una respuesta a la pregunta ¿por qué mi perro me gruñe, me muerde, me ladra, me enseña los dientes…? y la solución, estoy encantado de ayudarte.



Sobre los ladridos, los gruñidos y los mordiscos

Tanto si es un cachorro travieso y peleón, un perro joven guerrillero como si es un perro adulto que ha perdido los modales, en este artículo vamos a ver dónde está el origen de estas conductas que tanto te preocupan y la manera de arreglarlo. Verás cómo una vez que conozcas su origen, lo cual es imprescindible para tener un punto de partida, te resultará mucho más fácil encontrar la solución e incluso que esta venga sola al seguir las pautas y los consejos que te voy a dar. A ver si damos en el clavo enseguida y se soluciona pronto.

Sobre la comunicación corporal

Primero es bueno saber que los perros cuando se expresan lejos de limitarse a enseñar los dientes, gruñir, ladrar y morder, utilizan mucha comunicación corporal. Es el lenguaje no verbal, el utilizado por los Perros. Esto significa que conocen de sobra la manera de comunicarte cuál es su estado de ánimo, que es lo que quieren o no quieren, si les molesta que les quites su hueso, si quieren que te alejes o si les incomoda algo que les estás haciendo.

Y todo esto lo hacen a través de su comunicación no verbal, es decir, su expresión corporal y en ella utilizan todo su cuerpo, desde la nariz hasta el rabo.

Perro que gruñe a su dueño OK 151017

La capacidad de comunicarse de los perros

Todos sabemos que cuando un perro nos gruñe y nos enseña los dientes es porque está a punto de mordernos. Pero debemos observar cuáles son sus intenciones porque no siempre tiene por qué ser así.

* Si se trata de una provocación o una incitación al juego, muy propio de un perro al que le encanta jugar a lo bruto, a morder y pelear, es porque se ha emocionado en exceso y se ha descontrolado.

* Si se trata de un “enfado” cuando esto ocurre, es porque ha agotado las “señales de calma” y ha dejado de utilizarlas, pero todavía conserva las de “amenaza” y no ha pasado a la acción con un bocado directo como último recurso.

Es entonces cuando deberíamos, “desde un punto de vista puramente conductual”, estarle agradecido porque todavía no ha perdido por completo “la capacidad de comunicarse” y no se ha lanzado a morder. Sé que esto no es fácil de comprender pero, a medida que leas el artículo, le encontrarás el sentido que tiene.

Las rabietas de los cachorros y los perros jovencitos

Como tal vez te haya traído hasta aquí un problema que tienes con tu cachorro, vamos primero con ello. Con él debes tener una consideración especial aunque te muerda hasta la saciedad. Claro, le duele la boca y necesita aliviar el dolor y ¿qué otra cosa hay mejor que tu mano o tu pie? También te gruñe y te ladra cuando te provoca reclamando juego, tal vez lo hace cuando el juego le revoluciona mucho y pierde el control.

El cachorro que te ha salido muy guerrillero

Si como he dicho antes ha salido guerrillero y peleón, debes graduar la intensidad de sus impulsos para que no se emocione demasiado. Cuando esto suceda, lo mejor es cortar el juego e ignorar esa conducta, para que no “aprenda” qué es lo que tiene que hacer la próxima vez para conseguir saciar sus ganas de “pelear”.

Te sugiero que termines la lectura para que conozcas la manera de prevenir y así poder evitar lo que te pudiera pasar, si tu cachorro el día menos pensado descarrila porque le cambia el carácter y luego vuelvas a ver este artículo: Mi Cachorro muerde muy fuerte las manos, los pies, los tobillos…

Perro que muerde el dedo de su dueño

Y cuando tu cachorro tiene una rabieta… Bueno, él va desarrollando su carácter y lo hace muy rápido. Cuando no le apetece que, por ejemplo, le cures una herida, le peines, le quites algo que no es suyo o cualquier otra cosa que puede darle rabia, debes ser firme para enseñarle ya de pequeño que las normas existen, pero amable a la vez para que comprenda que la disciplina no tiene por qué ser traumática.

En este sentido hay que tener mucho cuidado también con las rabietas de los perros y perras jóvenes que están en plena etapa de desarrollo hormonal (la pubertad) porque lo que ahora es una rabieta juvenil, puede convertirse en un cabreo de perro adulto. También vamos a ver esto para que ese día no llegue nunca y si lo hace, que sepas que hacer.

Un perro enfadado antes de morder siempre avisa

Bien, seguimos. Aunque te cueste creerlo, siempre y cuando tenga la cabecita bien amueblada, que lógicamente con los cachorros no es así, si está cabreado antes de morder un perro siempre avisa.

Bueno, lo hace hasta que llega el día en el que ya no utiliza las “señales de calma” ni tampoco las de amenaza porque ha aprendido que, por más que lo intenta no le sirven de nada, entonces las inhibe, deja de utilizarlas y pasa a morder directamente.

Es entonces cuando tenemos delante un perro reactivo que a la primera de cambio se enfurece y se descontrola lanzando bocados a quién se le cruce por su camino. Esto en la mayoría de los casos es “reactividad”, por lo que no deberíamos considerar este comportamiento como agresividad en estado puro.

Que no tenga la necesidad de utilizar la agresividad

No obstante cualquier manera de manifestar la agresividad hay que ponerla bajo control y trabajarla de la manera más adecuada, para conseguir extinguirla y que no tenga la “necesidad” de utilizarla, ni porque está furioso ni porque está jugando a lo bruto y le ha dado un subidón. Te interesa dedicar unos minutos al artículo: Las Señales de Calma. El lenguaje de los perros.

perro que me gruñe OK 151017

¿Qué hacer para que mi perro no me gruña, no me ladre, no me enseñe los dientes, no me muerda…?

Una de las cosas a tener muy en cuenta es que el aprendizaje es un factor determinante en sus estrategias. Cuando un perro “aprende” que ladrar, enseñar los dientes, gruñir o morder son cosas que le funcionan, sin duda las utilizará para conseguir sus propósitos. Por eso, lo mejor es comenzar a educarle cuando más cachorro es para que estos comportamientos no formen parte de sus “estrategias” en un futuro muy cercano. Y si ya es un perro adulto con los comportamientos consolidados, cortalo de cuajo para que no se enquisten más.

No debemos olvidar la genética que puede predisponer a un perro a tener un carácter “agrio”, pero vamos a ver un par de consideraciones imprescindibles ya que el aprendizaje pesa más a la hora de moldear su carácter.

Si eres muy consentidor:

Tenemos al perro que ha “aprendido” a perder el respeto y se ha convertido en un tirano con sus dueños. Esto sucede con aquel peludo al que se le consiente todo y más, se le mima, se le trata como a un niño, consigue sus caprichos, se le deja dormir en la habitación o lo que es peor, en la cama. En fin, lo ha recibido todo, pero se ha olvidado lo más importante, la disciplina.

En este caso comenzarás a dejar de tratarle como a un niño que, evidentemente, no lo es. Deberás dejar de darle tooodas las explicaciones y de “razonar” con él acerca de lo mal que se porta. También deberás hacerle ver dónde están los límites y dónde acaban sus privilegios para que, si se siente muy alto, bajarle unos peldaños de la escala jerárquica. Trabajarás la obediencia básica que le vendrá muy bien, pero con refuerzo positivo, claro.

Si eres muy estricto:

Por otro lado tenemos el perro al que se le ha sometido demasiado con gritos, riñas y órdenes severas. Sin lugar a dudas la rivalidad está presente como factor determinante en su proceso de aprendizaje, la presión que recibe puede ser muy alta y hacer que se sienta intimidado. Máxime si tiene un carácter fuerte y no acepta un no por respuesta.

¿Qué aprende día a día? A utilizar sus estrategias, bien como defensa propia ante lo que considera una intimidación y una amenaza, o como un reto al que se tiene que enfrentar para conservar su estatus. También como consecuencia de esto último puede desarrollarse la rivalidad y la protección de recursos, es decir, su espacio, su comida, su juguete, su hueso…

Un período de calma exento de riñas, gritos y castigos

* Bien, llegados a este extremo y si este es tu caso, me veo obligado a decirte que la riña y el castigo no te ayudan en absoluto, ponen en marcha los mecanismos del estrés y este activa los instintos más básicos, “huir o luchar”, no le queda otra, esto es supervivencia. Cuando se sienta intimidado huirá, pero cuando se sienta acorralado o presionado luchará.

Por eso te propongo como plan de choque y durante un tiempo un “período de calma”. Consiste en dejar de someterle con constantes riñas, gritos y castigos. Esto le bajará los niveles de estrés, recuperará el equilibrio bioquímico, este le ayudará a gestionar sus emociones básicas (la ira y el miedo) y dejará de tener la “necesidad” de defenderse. Como ves es una cadena, una cosa lleva a la otra.

Mira, también te recomiendo este artículo para que lo consiguas rápido: ¿Qué puedo hacer para que mi perro me haga caso y me obedezca?

perro que gruñe defendiendo su hueso OK 280717

Sobre la defensa de recursos de los perros

Y sobre la defensa de recursos, cosa muy habitual y una de las causas principales de agresiones hogareñas, un perro que defiende sus recursos en casa como su hueso, su sitio privilegiado en el sofá, el juguete que le intentas quitar y un largo etcétera, como has visto antes sin lugar a dudas no tiene la educación y una disciplina correcta que puede acabar con la pérdida del respeto de un miembro de la familia, ladrándole, gruñéndole o mordiéndole a la primera de cambio.

Pero cuando un perro aprende, porque le hemos enseñado, que no necesita defender nada, pues no tiene la necesidad de defender nada. Valga la redundancia.

Una buena forma de conseguirlo es, por ejemplo, cada vez que le quieras quitar algo que no es suyo, decirle “suelta” y ofrecerle un trozo de comida a cambio diciéndole: “Mira lo que tengoooo”. Entonces perderá el interés por su “posesión” y verá que soltarlo no es tan malo porque tu intención es darle algo bueno a cambio.

Y mientras todo esto sucede, también la obediencia básica con refuerzo positivo te vendrá muy bien. Vuelvo a recomendarte el artículo anterior y como no, este: El estrés en los perros. Principal origen de los problemas de conducta

Porque lo primero era evitar el conflicto

Volvemos con la comunicación. Cuando un perro esta hasta el gorro de que le griten, que le increpen, que le incomoden, que le invadan, que le toquen las orejas, que le tiren de los pelos o tal vez que le quiten un trozo de comida de la boca, todo esto muy es frecuente cuando hay niños, antes de gruñir, enseñar los dientes o lanzar un bocado, ha utilizado con total seguridad más “señales de calma” de las que puedes ser capaz de imaginar, porque para él, evitar el conflicto, era más importante de lo que crees.

Atención a su lenguaje corporal

¿Cuántas veces al día has pillado a tu perro bostezando, chupándose la nariz, rascándose, andando muy despacio u olisqueando el suelo cuando le llamas con tono imperativo o te acercas enfadado directo hacia él? Tal vez incluso sentándose y dándote la espalda. También quizás jadeando con la lengua fuera sin haber hecho ejercicio o un rato sin querer mirarte a la cara. Esto son solo unos ejemplos de la manera que tiene de decirte que te calmes, por eso se les llama “Señales de Calma” y las utiliza también con los otros perros para evitar conflictos y mostrar que todo va bien.

Cuando un perro ha agotado todo su repertorio y tú no te has “calmado” es él quien toma la directa y pasa a la acción… Tú te has llevado un mordisco y probablemente él una bronca.

Hay que equilibrar la balanza

Recuerda que tan malo es que te pierda el respeto despertando su lado tirano como que te tenga miedo despertando la defensa propia. Tan malo es mimarlo y hacerlo un consentido sin imponer tu autoridad de forma coherente, como someterlo a una disciplina severa con la que se sienta amenazado o con necesidad de competir. Hay que equilibrar la balanza.

Autor: Juanjo Andrés Ruiz
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2017-12-13T13:00:02+00:00