Juanjo Andrés Ruiz

Educación, adiestramiento y psicilogía canina

La pasión por la educación, el adiestramiento y la psicología canina, es lo que me ha empujado a lo largo de mi vida a hacer lo que hago, educar y adiestrar a los peludos para concertirlos en buenos chicos.

Publicaciones sobre el comportamiento de los perros

Otra pasión que tengo es la de escribir, por eso, ¿hay algo mejor que hacerlo sobre los perros, su comportamiento y la manera de solucionar los problemas? Lo que escribo aquí en el «Blog» y en «mis Libros», es fruto de mi experiencia sobre el terreno, trabajando los problemas de comportamiento de los perros y ayudando a sus propietarios que no saben cómo solucionarlos.

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¡Vamos a ver mis libros!

Cursos y seminarios

Como no tengo titulitis aguda, me dedicaré a mencionar que he asistido a cantidad de cursos y seminarios con ponentes que gozan de mucho prestigio, tanto nacional como internacional: Sobre etología, psicología canina, educación y adiestramiento, el miedo y las fobias, la agresividad, el estrés, la ansiedad por separación, la impulsividad, la frustración, juegoterapia, habilidades caninas, agility y otros deportes.

La teoría tan enriquecedora que estos aportan, crea una buena base de conocimientos que sin duda seguiré ampliando porque no me canso de aprender.

No obstante, no hay nada como el trabajo de campo, ese conocimiento y esa experiencia que se adquiere sobre el terreno al haber conocido a cientos de perros, unos con muchos problemas de comportamiento y otros no tanto, pero que cada uno de ellos ha puesto y sigue poniendo su aportación al saco del aprendizaje.

¿Desde cuándo soy educador y adiestrador canino?

A decir verdad, el recuerdo que guardo en la memoria al respecto es que cuando era solo un enano con 4 o 5 años, en casa teníamos a Rizos, un perrete peludo y con el pelo rizado y despeinado, claro, cómo se iba a llamar si no. Pues resulta que a la hora de la merienda compartía con él mi yogurt porque me tenía adiestrado.

Sí, he dicho bien, era él quién me tenía adiestrado a mí porque de sobra sabía qué tenía que hacer para que le diera una cucharada, que le volvía loco, por cierto, ponerme la pata en la pierna y mirarme con carita de pena como diciendo:

«Dame una cucharada por favor».

Pero como me quedaba sin yogurt cada vez más rápido, el cuento cambió. Él me ponía siempre su pata derecha en la pierna y, claro, cucharada al canto… Hasta que un buen día se me ocurrió decirle:

«Si no me das la otra pata no te doy más cucharadas».

¿Qué pasó? Rizos estuvo unos días dale que te pego averiguando que tenía que hacer para conseguirlo, y como de tonto no tenía un pelo, tras muchos intentos (y alguna que otra pista que cómo no, yo le daba) lo consiguió, vaya que si lo consiguió. Entonces “la mano” era la de siempre y “la otra” era la otra, así de fácil. Él me daba la otra, tenía sus cucharadas y yo me quedaba de nuevo sin yogurt.

Enseñé a Rizos muchas cosas… «tenía también tostadas con chocolate para merendar» 🙂 ¿Lo pillas? Entre otras habilidades le enseñe a darme los juguetes que se me caían («por descuido”) y a guardarlos en una cesta. Era un perro muy educado y respetuoso, recuerdo que mi madre le decía a las vecinas:

«Es que el chiquillo le enseña muchas cosas».

Y así hasta hoy. Muchos años dedicados a enseñar a los perros y a sus propietarios cómo se hacen las cosas de la manera más adecuada para que la convivencia sea cada día mejor.